jueves, 17 de enero de 2008

Omniausente

Por un momento lo logré, estuve ahí... y más nada. La omnipresencia me estaba matando. No soy Dios, ni creo estar cerca: estar en todos lados era simplemente no estar en ninguno. La música me retuvo, por un instante, todo lo que había era eso, futuro también, pero no en mi cabeza, no en ese momento. Hasta que me dí cuenta, lo había logrado, lo que tanto quería... Disfrutar el momento... vivir ese eterno presente. Y así fue como, sin quererlo, me fuí.

1 comentario:

MR dijo...

muy bueno la verdad, mateo eh

interesante reflexión q para variar también se aplica a mí...
Esta vez no tengo entrada en mi blog a la cual referirte, pero algo se hará sobre eso.


Difícil disfrutar un momento y congelarlo. El frío nos invade y nos perdemos en el tiempo. Pero quién no quisiera enfriar esos segundos para no dejarlos ir? Quién no se quedaría con esos instantes nada más... sin pensar en lo que va a venir y aferrándonos sólo a esos segundos inertes que nuestra memoria decidió sostener... En ese hielo viviríamos de buena gana...